Madura y atractiva, Catherine Glenn ha perdido a su hijo en la guerra y acaba de quedarse viuda. Ahora únicamente un secreto anima y da sentido a su vida: antes de contraer matrimonio tuvo un hijo, Stephen, que se vio obligada a entregar en adopción. Encontrarlo y recuperarlo se ha convertido en su único objetivo y para ello decide viajar a Europa, siguiendo una pista que la lleva hacia España e Italia. Aunque la tarea a priori parezca imposible, a la Sra. Glenn le sonríe la suerte y logra su objetivo. Stephen es ahora un pintor delicado de salud, que vive con un excéntrico matrimonio, los Brown, quienes no pasan por su mejor momento económico. Catherine decide ayudarlos para recuperar el cariño de Stephen. A partir de ese momento se verá inmersa en un misterio que parece ser incapaz de descubrir.
Ficha técnica
Traductor: Susana Carral Martínez
Editorial: Reino de Cordelia S.L.
ISBN: 9788494094019
Idioma: Castellano
Título original:
The Son
The Son
Número de páginas: 136
Tiempo de lectura:
3h 9m
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 16/02/2013
Año de edición: 2013
Plaza de edición: Madrid
Colección:
Literatura Reino de Cordelia
Literatura Reino de Cordelia
Número: 18
Alto: 20.0 cm
Ancho: 13.0 cm
Grueso: 1.1 cm
Peso: 192.0 gr
Especificaciones del producto
Escrito por Edith Wharton
Edith Wharton (1862-1937) fue una de las autoras más representativas de la narrativa estadounidense del cambio de siglo y, en particular, una de las primeras escritoras en alcanzar verdadero reconocimiento y éxito literario. De hecho, se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio Pulitzer. Fue la gran cronista de un mundo en desaparición: el de las antiguas jerarquías neoyorquinas, que empezaban a tambalearse ante la irrupción de los nuevos ricos procedentes de la banca y la industria. Su obra cuestionó el papel al que se relegaba a la mujer en la sociedad de su tiempo y contribuyó a elevar el espacio doméstico a la categoría de territorio intelectual. Rodeada de sus perros Pomerania, que solían acurrucarse a su lado, escribía a menudo desde la cama. Decía que así podía prescindir del corsé, una libertad física que, según ella, también liberaba sus pensamientos.