Originalmente publicada en Salamanca en 1928, esta obra es considerada un canto lírico y descriptivo a la esencia de la provincia salmantina. Matías García Miguel no sólo escribe como clérigo, sino como un observador enamorado de la geografía humana y natural de su región. El libro se divide en una serie de estampas y poemas que recorren las dehesas, los encinares y los pueblos de la comarca de Vitigudino y el Campo Charro. La obra destaca por su riqueza terminológica, rescatando palabras propias del habla local que estaban en peligro de desaparecer ante la modernidad. A través de su prosa poética, García Miguel describe con precisión casi etnográfica el folclore, la indumentaria charra y las faenas del campo, dotando a los campesinos y pastores de una dignidad espiritual y estética. El país charro no es sólo un libro de viajes o una recopilación de poemas; es un manifiesto de regionalismo cultural muy aplaudido en su época por su capacidad para evocar la nostalgia del mundo rural frente al crecimiento de las ciudades.