Joseph Conrad fue marino antes que escritor. El mar recorrió su obra y le imprimió carácter. Cuando el 15 de abril de 1912 el Titanic se hundió en poco más de dos horas, el hombre de mar y gran moralista que fue Conrad no pudo permanecer ajeno al drama y reflejó su visión del asunto en los dos textos que aquí se recogen y que cuestionan la labor de las comisiones de investigación cuyos trabajos fundamentaron una sentencia final sospechosamente favorable a los armadores. Ambos textos son inestimables por su calidad literaria, por su lucidez en medio de la confusión y por su dimensión moral. Entre consideraciones técnicas sumamente atinadas, Conrad cuestiona la soberbia del armador, de la prensa, de los investigadores comisionados y de la sociedad toda que generó tan infladas y poco fundadas expectativas alrededor del Titanic, con tan dramáticos resultados. El Titanic fue, por voluntad de sus propietarios, todo un símbolo, y el símbolo se volvió contra quienes lo concibieron. Conrad suscita la verdadera dimensión humana y moral del drama que 100 años después sigue dando tanto que hablar.
Ficha técnica
Editorial: Gadir Editorial, S.L.
ISBN: 9788496974845
Idioma: Castellano
Número de páginas: 100
Tiempo de lectura:
2h 17m
Encuadernación: Tapa blanda bolsillo
Fecha de lanzamiento: 01/11/2011
Año de edición: 2011
Plaza de edición: Madrid
Alto: 18.0 cm
Ancho: 10.5 cm
Especificaciones del producto
Escrito por Joseph Conrad
Joseph Conrad (1857-1924) nació en Berdíchev con el nombre de Józef Teodor Konrad Korzeniowski. Gracias a su padre, patriota polaco, poeta y traductor de Shakespeare, Conrad se inició en la lengua inglesa cuando sólo contaba ocho años. Huérfano y atediado, en 1874 partió rumbo a Marsella con el fin de hacerse a la mar. Tras un fallido intento de suicidio en 1878, desembarcó en Inglaterra, donde, durante dieciséis años, serviría en la marina mercante, un trabajo que lo llevó a tierras lejanas y le inspiró algunas de las obras maestras de la literatura universal, como La locura de Almayer (1895), El corazón de las tinieblas (1899), Lord Jim (1900) o Amy Foster (1901).