Es la suya una poesía de la cotidianeidad y el desencanto, escrita en un lenguaje que, acaso o también decepcionado de las grandes palabras épicas o líricas, se apoya en el decir común, apela a aquellas otras palabras de familia gastadas tibiamente- a veces, en su caso, airadamente- tan gratas a Jaime Gil de Biedma más íntimas y propicias a la reflexión y a la confidencia.