María se nos ha hecho tan transparente / que la vemos al mismo tiempo / en Suiza, en Roma o en La Habana. / Acompañada de Araceli / no le teme al fuego ni al hielo. / Tiene los gatos frígidos / y los gatos térmicos, / aquellos fantasmas elásticos de Baudelaire / la miran tan despaciosamente / que María temerosa comienza a escribir. / La he oído conversar desde Platón hasta Husserl / en días alternos y opuestos por el vértice, / y terminar cantando uncorrido mexicano. / Las olitas jónicas del Mediterráneo, / los gatos que utilizaban la palabra como, / que según los egipcios unía todas las cosas / como una metáfora inmutable, / le hablaban al oído / mientras Araceli trazaba un círculo mágico / con doce gatos zodiacales, / y cada uno esperaba su momento / para salmodiar El libro de los Muertos. / María es ya para mí / como una sibila / a la cual tenuemente nos acercamos, / creyendo oír el centro de la tierra / y el cielo de empíreo, / que está más allá del cielo visible. / Vivirla, sentirla llegar como una nube, / es como tomar una copa de vino / y hundirnos en su légamo. / Ella todavía puede despedirse / abrazada con Araceli, pero siempre retorna como una luz temblorosa.(José Lezama Lima)
Ficha técnica
Editorial: Editorial Verbum, S.L.
ISBN: 9788479624170
Idioma: Castellano
Número de páginas: 320
Tiempo de lectura:
7h 36m
Encuadernación: Tapa dura
Fecha de lanzamiento: 01/01/2009
Año de edición: 2009
Plaza de edición: Madrid
Colección:
Verbum Mayor
Verbum Mayor
Alto: 20.0 cm
Ancho: 14.0 cm
Especificaciones del producto
Escrito por María Zambrano
Filósofa española. Nacida en Vélez-Málaga (Málaga) en 1904, fue discípula de José Ortega y Gasset y profesora en la Universidad de Madrid. Durante la Guerra Civil española (1936-1939) participó en algunas comisiones de ayuda humanitaria y cultural y se exilió en México, a donde llegó en 1939. Profesora de la Universidad de Morelia, se trasladó muy pronto a La Habana, en cuya universidad enseñó durante varios años, así como en la Universidad de Puerto Rico. Posteriormente vivió en Italia y en Suiza antes de su regreso definitivo a su país. Para Zambrano, la filosofía no era sólo una cuestión de conceptos, sino de símbolos que deben abordar los problemas esenciales de la trascendencia y los grandes misterios de la vida humana. Murió en 1991.