Juzgar es una acción esencialmente humana que, en las relaciones de las personas, de darse determi-nados presupuestos, puede traducirse en un ejercicio de comprensión, empatía y estímulo positivo para el sujeto eventual objeto de juicio. Esto no es predicable del proceso penal, juicio por excelencia en el imaginario social. En efecto: ejercicio de un poder -históricamente, no sin razón, calificado de "terrible" e incluso de "odioso"-, hoy opera en una sociedad radicalmente desigual, contribuyendo a mantenerla en sus injustas constantes. Por eso, cuesta hallar en el alguna belleza. No obstante, el estado constitucional preve un relevante conjunto de derechos y garantías del justiciable que, de ser respetados y hechos respetar por los jueces, podrían reducir significativamente la fealdad de su tarea.