Al amable mundo de convenciones sociales estrictas en el que se mueve, aparentemente sin roces ni contrariedades, la alta sociedad de Nueva York de finales del siglo pasado, regresa de Europa la inquietante condesa Olenska. Independiente, osada, «diferente», Ellen involucrará muy pronto en su misterio a su joven primo Newland Archer y perturbará sin poder evitarlo el encanto de una vida social que ignora de manera voluntaria su inminente fin. En el fondo de esta extraordinaria historia de una gran pasión subyace el conflicto entre dos mundos : el de las viejas familias « patricias» norteamericanas y el de los nuevos ricos, quienes, al terminar la novela, se han apoderado ya de las costumbres y de los espíritus. Martin Scorsese extrajo de La edad de la inocencia una bellísima película que protagonizaron Michelle Pfeiffer, en el papel de la condesa Olenska, Daniel Day-Lewis y Winona Ryder
Ficha técnica
Traductor: Manuel Saenz de Heredia
Editorial: Tusquets Editores S.A.
ISBN: 9788472232136
Idioma: Castellano
Número de páginas: 302
Tiempo de lectura:
7h 10m
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 01/10/1984
Año de edición: 1984
Plaza de edición: Barcelona
Colección:
Andanzas
Andanzas
Número: 13
Alto: 21.0 cm
Ancho: 14.0 cm
Grueso: 2.0 cm
Peso: 406.0 gr
Especificaciones del producto
Escrito por Edith Wharton
Edith Wharton (1862-1937) fue una de las autoras más representativas de la narrativa estadounidense del cambio de siglo y, en particular, una de las primeras escritoras en alcanzar verdadero reconocimiento y éxito literario. De hecho, se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio Pulitzer. Fue la gran cronista de un mundo en desaparición: el de las antiguas jerarquías neoyorquinas, que empezaban a tambalearse ante la irrupción de los nuevos ricos procedentes de la banca y la industria. Su obra cuestionó el papel al que se relegaba a la mujer en la sociedad de su tiempo y contribuyó a elevar el espacio doméstico a la categoría de territorio intelectual. Rodeada de sus perros Pomerania, que solían acurrucarse a su lado, escribía a menudo desde la cama. Decía que así podía prescindir del corsé, una libertad física que, según ella, también liberaba sus pensamientos.