Durante los equinoccios, el día iguala la extensión de la noche.
Como si el mundo encontrara un equilibrio perfecto entre la
sombra y la luz. Un equilibrio fugitivo, parecido al designio de
los destinos humanos. Un relato en cuatro estampas, cuatro
estaciones atravesadas por personajes de todos los horizontes
geográficos y de toda procedencia social. Seres de un equilibrio
inestable que cruzarán nuevas soledades y que tejerán,
entre unos y otros, el tenue hilo de la conciencia atormentada
por el enigmático sentido de la vida. Cuatro estaciones con su
propia identidad gráfica, cuatro voces