Hablar de suicidio en nuestra sociedad actual sigue siendo difícil, incómodo y para muchos, sumamente doloroso, debido a la profunda incomprensión y el estigma que lo rodea. A pesar de la creciente conciencia sobre la importancia de abordar el sufrimiento humano de manera abierta, el suicidio continúa siendo un tabú en nuestra cultura occidental. La persistencia en nuestra mente colectiva de mitos, sesgos, creencias erróneas y desinformación mantiene prejuicios y una visión distorsionada de este fenómeno humano, viéndolo como una violación de la voluntad divina, una manifestación de locura, una expresión de enfermedad mental o incluso un acto de cobardía. Al no poder expresar su sufrimiento, el dolor suicida permanece oculto, alimentando la sensación colectiva de incomodidad