El mundo de la discapacidad intelectual es amplio y diverso, plagado de profundas realidades que nos invitan y, por así decir, nos obligan a encararlo con una mente abierta, siempre dispuesta a analizar sus raíces más ocultas y sus diversas formas de expresión. No en vano, en la esencia de cualquier discapacidad se encuentra un ser humano, la persona. Es muy gratificante contemplar los grandes avances que, paso a paso, las personas con discapacidad intelectual van consiguiendo en el transcurso de sus vidas. Cómo aprenden a gestionar su propia identidad, sus conocimientos, sus emociones, y a resolver su modo de funcionar en sociedad y de satisfacer y ver realizadas muchas de sus aspiraciones. Como todos los seres humanos, tienen sus propios problemas. Unos se expresan de un modo estrictamente individual; otros lo hacen de una manera más convencional o compartida, dando origen a conductas bien identificables. Pero en cualquier caso, sus expresiones y su fenotipo conductual exigen nuestro estudio y conocimientos para ser, primero, analizadas y evaluadas y, después, manejadas y corregidas si es preciso. ¿Podemos llegar a conocer realmente el sustrato más íntimo de una persona que tiene dificultades en el conocimiento de sí misma, en la comunicación, en la organización de su pensamiento y valoración de sus deseos y sus sueños? Sin duda es todo un desafío, pero al que es posible realmente, imprescindible enfrentarse con prudencia, habilidad y maestría, adaptadas a las características y situaciones personales de cada individuo. Por eso, afirmamos rotundamente que la psicoterapia que trata de comprender la entraña de la conducta de una persona des-entrañarla es posible y es útil también en los individuos con discapacidad intelectual. Desde esa convicción, ofrecemos en estas páginas reflexiones sobre la naturaleza y métodos de la psicoterapia psicoanalítica, y mostramos con sencillez distintas experiencias directas y personalmente vividas. Extraer a la superficie problemas y vivencias personales no es tarea fácil; exige ofrecer diálogos abiertos, expresados a veces de manera muy realista y cruda. Pero, si se consigue, se ha recorrido un largo camino para descubrir la propia identidad, para afrontar, no sólo una conducta puntual y cuestionable sino toda una forma de vida, de convivencia, de estar en el mundo real. Unas veces, ese mismo intento soluciona por sí mismo un conflicto; otras veces, ayuda a encontrar las vías más eficientes que colaboren en la restauración de unas relaciones complejas o de una existencia poco adaptada o poco comprendida. Con la convicción de que, además y cuando sea necesario, ayudará a aplicar otras formas de terapia que completen el beneficio que se pretende alcanzar. Es evidente que los apoyos no terminan ahí. Sin salirnos del ámbito de la psicoterapia, existen otras formas de terapias que abordan de manera positiva la manera de gestionar y superar conductas que pueden ser problemáticas en mayor o menor grado. Es abundante, rica y cualificada la bibliografía en español, a la que animamos consultar y seguir en sus orientaciones. Pero la realidad se impone: hay dolorosas situaciones en las que no hay más remedio que recurrir a la utilización de fármacos para paliar o corregir comorbilidades y expresiones y situaciones conductuales, que perjudican claramente al interesado y se demuestran imposibles de favorecer la relación en un entorno en el que se tiene que desarrol...