La naturaleza, como hábitat donde el ser humano vive, nos proporciona bienes materiales, espirituales. Es necesario seguir viendo los almendros florecer, las colinas suaves, abruptas. Nos sorprendemos porque no sabemos expresar sus bienes. Cómo decir que un árbol nos regala su piel, que otro día será bolso, abrigo. No abandonemos estos senderos. Son los sentimientos que entran por el corazón, reflexionan, con ellos hablamos, en silencio. Necesita los árboles, el mar, la bahía hacia mis barrios, aroma a lo ancestral. Estos versos destilan lo imprescindible, necesario. El paisaje la rodea, le resulta imprescindible. En esta obra, Sugerencia piadosa, el paisaje campestre es ofrecimiento de tranquilidad.