Todos los principios es la historia de una venganza. Una venganza poco sangrienta, casi etérea, pero venganza al fin y al cabo. Rodrigo, un artista plástico a punto de cumplir los treinta y tres, sabe que su exnovia va a dar a luz al hijo de otro, ese que nunca tuvieron juntos. Esta circunstancia sirve como detonante de un doloroso viaje por sus propios recuerdos, vinculada a su experiencia en Túnez tras la ruptura, los problemas políticos de los amigos que hace allí o el afecto, que vuelve como un bumerán para ayudarlo a mantenerse en pie cuando todo se viene abajo.Con ecos de Mathias Enard, Javier Marías o Don DeLillo, Alejandro Narden, que con Horizonte aquí ya fue merecedor del premio Ateneo Joven de Sevilla, regresa para construir una ambiciosa novela de escritura precisa y torrencial que nos muestra, en la mejor tradición de los grandes narradores europeos, cómo los vericuetos de la memoria tienen el poder de voltear una vida. «Ojalá haber sabido acompañar la callada que di en respuesta con la pantomima de la fuerza, una interpretación, haber enseñado aplomo, que no es sino otra forma de dominación del prójimo, haber crecido ante ella diez centímetros de pronto, mostrándome nueve partes gorila y una huérfano, haber sabido mirarla con crueldad, con lujuria y una gota de candor, implacable, diciéndole en ese idioma vernáculo que comparten dos que se miran que en el dolor de perderla encontré la respuesta a por qué la había perdido, demostrarle su propia vulgaridad: tuvo el amor fiel del que se pone siempre a disposición del otro, tuvo un perro y se aburrió de él; y antes que buscar dentro de sí misma las razones de su insatisfacción, «¿qué la hacía infeliz?», prefirió cortar ese hilo».