Realizar trabajo de campo acompañado -de familiares, estudiantes o mascotas- conlleva implicaciones metodológicas, epistemológicas y eti- cas. La presencia de acompañantes puede alterar la temática, abrir nue- vas vías de obtención de datos, facilitar el rapport o generar tensiones. Tambien plantea dilemas sobre la separación entre vida privada y profe- sional, el relativismo cultural y la visibilización de privilegios, afectando la "inmersión total" de la observación participante. Surgen dudas eticas sobre el uso de menores o parejas como estra- tegia investigativa, y se evidencian las condiciones de producción del conocimiento, como la posicionalidad (y particularmente el genero y la maternidad), pero tambien la importancia de los afectos. Aun- que relevante, este tema suele relegarse a lo informal, considerado anecdótico por el establishment academico, que aún reafirma el mito del observador neutral. Algunas madres etnógrafas insisten en visi- bilizar estas experiencias, siendo ellas las más expuestas a críticas, ya sea por llevar a sus hijos para realizar el trabajo de campo o por dejarlos atrás. Este libro propone una reflexión crítica sobre los desafíos que plantea la práctica etnográfica en la actualidad.