Yo, señor, no soy malo —primeras letras del Pascual Duarte, de Cela— agrupa un trío de novelitas repulsivas e irresponsables de las que su autor, sin embargo, dice estar muy orgulloso y asegura que las defenderá ante cualquier Tribunal de lo Correctísimo si ante él es llamado, siempre y cuando la acusación sea capaz de admitir, de entrada y sin lugar a dudas, que motivos no le faltan a nadie para serlo. A nadie.