Resulta difícil decir en pocas palabras quién es Alfredo Cernuda y a qué se dedica. Al más puro estilo renacentista, ha desplegado su creatividad como actor de teatro, de cine y de televisión, como director de doblaje y de televisión y como autor dramático con la excelente Leonor de Aquitania. Su primera incursión en el mundo de la novela, El soñador ajeno, es, por un lado, la prueba fehaciente de que hay personas que pueden brillar con luz propia en más de un escenario y, por otro, una contundente carta de presentación que nos recuerda a qué sabe la literatura de calidad.
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Cuando Bagdad cayó en poder del ejército estadounidense, bandas de saqueadores vaciaron el Museo Nacional de Iraq. Semanas después, Ayman Mansûr, experto en la civilización sumeria, recibe el encargo de huir de Bagdad con el Sello de los Destinos.
Cuando un autor consigue aunar belleza y acción en una misma obra todos estamos de enhorabuena. El soñador ajeno es la prueba brillante de que el realismo mágico de García Márquez se puede usar de formas diferentes con resultados extraordinarios. A golpe de frases perfectas y de personajes destinados a permanecer en nuestra memoria, Alfredo Cernuda nos coloca en un lugar de privilegio para asistir al espectáculo de su imaginación, nos hace sitio en la carreta de los Salvatierra para acompañarlos en su viaje circense por tierras del norte durante cuatro generaciones. Una aventura apasionante repleta de lanzadores de cuchillos, de adivinas enigmáticas, de intrigas caciquiles y de abusos eclesiásticos. Una historia que sabe a amor, a odio, a otros tiempos y a otras noches, aunque la luna siga siendo la misma. Una experiencia que nos recordará con nostalgia que las personas sólo somos un sueño.
Leonor de Aquitania, reina en dos ocasiones y de dos países distintos (de Francia, casada con Luis VIII y de Inglaterra con Enrique II), narra el encarcelamiento, primero en Chinon y luego en Salisbury, hasta la muerte del rey en 1189, durante catorce años, tras el descubrimiento de la infidelidad de su esposo. La obra cuenta, ademas con el soldado, un personaje enigmatico que, como un espejo va reflejando nuestra imagen escondida; Juan, un hijo desgraciado que ambiciona las migajas de cariño; la princesa Alais, el amor en estado puro; y el narrador.
La oscuridad es un territorio desprovisto de interés para la mayoría de las personas. Aunque nuestros ojos lleguen a distinguir perfiles, manchas o contornos, la ausencia obligada de luz inquieta los pensamientos y nos hace sentir vulnerables, demasiado vulnerables. La percepcion temerosa de lo que nos rodea se agudiza si los dias que retenemos en la memoria han transcurrido entre campas y maizales, recibiendo al viento cada mañana sin necesidad de presentaciones. Esta fue una de las razones por las que Amadeo Salvatierra, angustiado en la negrura de su celda, comenzo a sospechar que la soledad no es prodiga en sonrisas y, como un relampago, su mente acudio al refugio de la noche en que su abuela Leonides consulto las cartas para regalarle su futuro".
El trepidante relato de un desamor que se transforma en una aventura de amor apasionado, a lo largo de una historia que conjuga la mejor novela negra con una reflexión sobre la solidaridad, la ambicion y el poder.Con ritmo y habilidad cinematograficos, la novela enlaza las complejas tramas empresariales del mundo actual con las experiencias de un sencillo profesor de literatura, cuya vida no volvera a ser igual. Madrid, Londres y Zimbabwe son los escenarios de esta historia que comienza planteando una serie de enigmas, a los que se añaden la sombra de una mujer misteriosa, y el eco de un sueño:"He descubierto el motivo por el que ya no tengo sueños por la noche. Los he ido olvidando porque tu los has abarcadotodos. Estan en tus manos, en tu voz, en tus ausencias, en tusretornos, en tu nombre, en tu sombra. Estan en tu cuerpo,como mis ojos, mis labios y mi locura".