La persona que muere de forma violenta no tiene por qué ser, necesariamente, motivo de lástima. Como ocurre en la vida real, esa víctima puede ser decididamente antipática, sin que por ello pueda justificarse su obito. No se puede ir por la vida matando a los que te caen mal. La convivencia resultaria sumamente peligrosa. Porque, ademas, podria darse la circunstancia de que fueses tu quien caiga mal al otro y tampoco se puede estar a merced del paranoico de turno para comprobar si tiene buena quimica contigo o, como dicen los que saben, buen filing. Esa situacion no puede llegar a darse y, por esa razon, una sociedad bien organizada necesita de un autor material al que detener y castigar. Si, ademas, resulta ser el verdadero homicida, mucho mejor. Pero tambien sirve el presunto, al margen de que sea culpable o no. No puede aceptarse un crimen huerfano de padre y madre. En el caso que nos ocupa, el crimen principal que en la novela se relata, queda un tanto diluido en el trafago de personajes que desfilan apresurados y hasta freneticos, unos en cenaculos literarios, otros en circulos carcelarios, politicos, judiciales o bancarios. Ellos se toman muy en serio su rol, pero en el fondo, aunque no lo sepan, son simples caricaturas a las que, como en el sino de algunas tragedias griegas, les une un final compartido, no deseado ni especialmente glorioso.
El odio obviamente es destructor. Su brazo armado es la venganza. El mensaje cristiano del perdón ha introducido un elemento de confusión en lo que antes parecía claro: la venganza era algo sano y terapeutico fisica y espiritualmente, gozando ademas de la proteccion de la divinidad correspondiente. Vengarse era virtuoso, ahora es pecado. El odio y la venganza siempre son sinceros. El perdon a menudo no lo es. Puede ser hipocrita o la coartada de los debiles. Cuando lo es de verdad es algo a respetar. La venganza se confunde con el castigo a que se ha hecho merecedor el odiado enemigo. Cuando lo aplica el Poder se llama justicia, en los demas casos crimen. El ojo por ojo biblico es venganza y castigo. ¿Hasta donde pueden llegar el odio y la venganza?. A veces el odio se limita al desprecio. Otras es tan profundo que atraviesa la raya del no mataras. Hay varias maneras de matar: fisicamente o de forma imaginada, no por ello menos intensa. En esta novela se plantean los personajes esas alternativas. Artemio Zarco
Ërase una aldeana de diecisiete años, hermosísima, huérfana y muy pobre, que vivía sola en una cabaña con una vaca, un cordero y varias gallinas, y ocurrió que se propaló por el pueblo la nueva de qu