El orden alfabético no tiene pies ni cabeza. No se entiende por qué la A siempre tiene que estar antes que la E, la F antes que la G, por qué la B está tan lejos de la V, o por qué la Z tiene que ser siempre la ultima. Uno sospecha que es un invento para justificar la opresion, para acostumbrar a la gente a que ciertos individuos deben ir siempre delante y otros siempre quedarse atras. Los burocratas son firmes defensores del orden alfabetico, encuentran en el la razon de su existencia. Gracias a conocerlo al dedillo controlan a los administrados y sancionan a los infractores, al que pone, por ejemplo, una K delante de una J. En este diccionario, en cambio, se puede encontrar la K antes que la J, e incluso la Z antes que la A. Todas las letras han nacido iguales y tienen los mismos derechos. El Diccionario Analfabetico no solo es una gran obra de humor, sino que induce a la reflexion y al descreimiento y gustara, sin duda, a quienes hayan disfrutado con el Diccionario del Diablo, de Bierce, y con el Diccionario para pobres, de Francisco Umbral.