Nunca como hasta se habían contado episodios tan relevantes de nuestra Guerra de la Independencia de una forma tan amena como rigurosa. Este libro hace justicia con una parte del territorio nacional que en los siglos precedentes se habia convertido en el tablero de juego favorito para que las potencias europeas dirimieran sus diferencias: Extremadura. Un territorio fronterizo, llave de todo el suroeste peninsular, en el que una casta endurecida de hombres, hijos de aquellos que conquistaron America, se enfentaron una y mil veces a los invasores franceses. Este libro narra la historia del Ejercito de Extremadura, curtidos en las batallas de Gamonal, Mesas de Ibor, Medellin, Talavera y Puente del Arzobispo, que vertieron su sangre en defensa de los ideales en los que creian por encima de todo y que, en febrero de 1810, estuvieron dispuestos a entregar su region para defender Cadiz y convertirla en bastion de la resistencia patria. Es tambien y por encima de todo la cronica del Sitio de Badajoz, la unica ciudad representada dos veces en el Arco del Triunfo de Paris, reflejo de la sorprendente batalla librada junto a sus muros y de la obstinada defensa dirigida por el general Menacho, que trajo en jaque a dos mariscales del Imperio, demostandoles que los españoles, tal y como escribio un protagonista de aquella heroica resistencia, "en este genero sublime de guerra, si no somos invencibles a lo menos indomables".
"Las grandes batallas deben referirse por escrito, de un modo expresivo que representen a lo vivo los hechos gloriosos y que coloque a los valientes soldados en el eminente lugar que merecen". Esta frase, escrita por el marques de Monsalud, presidente de de la Junta Suprema de Extremadura, tras conocer el resultado de la batala de La Albuera, es la maxima que inspira el presente libro. Sus paginas tratan de rendir tributo, de manera amena y rigurosa, a todos aquellos hombres, españoles, britanicos y portugueses, que formaron el Ejercito Combinado de Extremadura y vertieron su sangre en los diversos combates que libraron contra los franceses, durante la primavera de 1811, por la posesion de Badajoz. Un capitulo esencial de nuestra Historia, tergiversado por la propaganda brtitanica, en la que los soldados españoles se batieron con honor, recobrando definitivamente para nuestras Armas, en palabras del propio general Castaños, "el buen nombre que adquirieron nuestros abuelos".
Este libro narra los combates librados por el 5ú Ejército español durante la segunda mitad de 1811, centrados fundamentalmente en la liberación de Badajoz, capital de Extremadura y llave de todo el sudeste peninsular. Su conquista, encomendada finalmente al Ejercito angloluso, fue sin duda la mas sangrienta de toda la Guerra de la Independencia. El general de division Jose Gomez de Arteche, llego a asegurar que el asalto a sus fortificaciones se convirtio en "el drama militar mas sangriento y tremebundo que hayan representado las tropas britanicas en nuestro suelo. El anterior de Ciudad Rodrigo y los posteriores de Burgos y San Sebastian, no ofrecieron mayor caracer de tenacidad y encarnizamiento, ni dejaron memoria que conmoviese el espiritu y los amimos de los actores". Esta obra rinde homenaje a los actos de valentia que se sucedieron durante aquellos dias y denuncia la orgia de depravacion que sumio a la ciudad de Bafajoz tras el asalto, pues dejo escrito un testigo principal de aquellos terribles hechos, "la Historia es un recuerdo de la verdad para instruccion de los hombres".
Los franceses entraron en Madrid el 4 de diciembre de 1809. Tres días más tarde, Napoleón, instalado en Chamartín, mandó publicar un bando dirigido a la Nación, advirtiendo a los españoles: "Si todos mis esfuerzos resultan vanos y no correspondeis a la confianza que deposito en vosotros, solo me quedara trataros como provincias conquistadas e instaurar a mi hermano en otro trono. En este caso, ceñire sobre mi cabeza la corona de España y sabre hacerla respetar de los infames, pues Dios me ha dado la fuerza y voluntad necesarias para vencer todos los obstaculos". El Emperador no tardaria en descubrir que nuestros compatriotas no se arrastraban ante las amenzas. Al contrario de lo que pensaba, esta guerra no habia hecho mas que empezar. Y en lugar de cicatrizar, la afrenta infringida el 2 de Mayo habria de convertirse en una ulcera permanente para los ejercitos franceses. Una ulcera que socavaria el prestigio del Emperador hasta su derrota final. La sangre iba aseguir corriendo en diciembre de 1808. El Ejercito de Extremadura se ocuparia de defender la ultima linea de resistencia, desplegada sobre los margenes del Tajo.