Difícil tarea es la de dar una definición del ya amplio y riquísimo mundo dramático de José Martín Recuerda. Pero, sin duda, estaremos dentro de su verdad dramática —con todo el subjetivismo y limitación que la brevedad comporta— si decimos que las grandes columnas en las que descansa su "edificio dramático" son: existencialismo, absurdo y crueldad, con raíces en nuestra tradición teatral y literaria popular, desde los pasos de Lope de Rueda al esperpento de Valle Inclán, pasando por los entremeses de Cervantes, nuestro Género Chico —¡tan grande!— y la asimilación de una idiosincrasia acosante —con símil en nuestra secular afición a la tauromaquia— reflejada en una técnica que, gráficamente, podríamos denominar "circular", o en espiral, en oleadas que van rodeando al personaje, o personajes hasta llegar al "grito" final. José Martín Recuerda ha creado lo que, en definición de él mismo, podemos llamar como dramaturgia iberista.