Si la esencia del panóptico era que cada preso se convirtiera en vigilante, es decir, que fuera portador de la mirada vigilante, en el sinóptico pornográfico cada usuario se convierte en actor porno. En ese camino, nos disciplinamos para ser agentes de placer, del placer de consumir y de ser consumidos, y eso es lo que hace que las barreras entre productor y consumidor de porno se difuminen.Segun las distintas teorias tecno-utopistas, entre las que se contaba una parte del ciberfeminismo, internet era la promesa de una ruleta identitaria en constante movimiento en la que se mezclaban cuerpos, discursos, tecnologias y afectos siempre en proceso, cambiando y combinandose. Podiamos ser quien quisieramos y, por una vez, superar barreras como las del genero. Ser nomadas identitarios en constante construccion.Pero este flujo constante de cuerpos, identidades e ideas se paro e internet se convirtio en una maquina, obligandonos a ser una cosa fija. Internet se endurecio y se cristalizo.Nacho M. Segarra. Nacho Moreno Segarra es doctor en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, con una tesis centrada en los estudios culturales desde una perspectiva de genero. Lleva años impartiendo asignaturas relacionadas con la comunicacion y el genero, tanto en los estudios de grado en Periodismo como en diversos masteres especializados en genero. Es autor de tres libros: Ladronas victorianas (ed. Levanta Fuego), y de dos libros ilustrados coescritos junto a la escritora Maria Bastaros y la ilustradora Cristina Daura: Herstory, una historia ilustrada de las mujeres y Sexbook, una historia ilustrada de la sexualidad, ambos publicados por Penguin Random House.