No hay otropolítico español tan admirado y analizado, y del que tanto se haya escrito como de José Antonio Primo de Rivera, y eso que ocupó la escena política sólo tres años. Esto es así desde cualquier punto de vista. Y es que al pensador genial y fulgurante del Teatro de la Comedia se suma el hombre malogrado en un perfecto y compacto final de honradez, valor y coherencia.La bibliografia joseantoniana es abundantisima (con solo una obra intencionadamente lesiva, la de Cesar Vidal, y algunas muy buenas). Pero apesar de las ultimas aportaciones, valiosisimas, que todos debemos agradecer,la de Miguel Argaya Roca, Jose Antonio Martin Otin y Francisco Torres, la puerta, aunque entornada, no se ha cerrado para seguir glosando, descubriendo y aprendiendo de quien, a mas de cien años de su nacimiento, se sigue conociendo por su nombre de pila Jose Antonio, a secas sin que sea necesaria otra apoyatura personal para identificarlo. Algo mas que una anecdota.Tantos centenares de volumenes han trazado toda una geometria alrededor de este hombre excepcional. Y a esta prolija biografia se suma ahora Jose Antonio: un pensador para alumbrar las ruinas, que, a traves del aporte documental, pretende ser una secuencia temporal entre el ayer y el hoy de un pensamiento que no ha pasado de moda, que es posible y hasta imprescindible traerlo al debate politico actual. En definitiva, para hacernos ver que Jose Antonio no es un pensador del pasado, sino del futuro, que es hacia donde se dirige esa voz que seduce para alumbrar las ruinas de esta España en quiebra.
Cuando llegó el invierno, todos los árboles del bosque se vistieron de blanco, todos menos uno: Seco. Él, que, en el invierno anterior, había sido talado para que luciera en una casa como Árbol de Navidad, y que al terminar las fiestas, aunque habían vuelto a replantarlo, no lo hicieron con los suficientes cuidados y en el tiempo oportuno. Por lo tanto, sus ramas estaban tan blandas y tenían tan poca savia que apenas pudo sujetar un copo de nieve de la gran nevada con la que aquel invierno la madre naturaleza les había obsequiado.