Pablo M. Edo Lorrio (Madrid, 1978) es licenciado en Filología hispánica por la Universidad Complutense de Madrid (2001), doctor en Teología bíblica por la Universidad de Navarra (Premio extraordinario 2007) y Visiting Scholar en la Universidad de Oxford (2011-2012). Actualmente es profesor de exégesis del Nuevo Testamento (Sinópticos y Hechos) en la Facultad de teología de la Universidad de Navarra, de Introducción a la Sagrada Escritura en el Instituto superior de ciencias religiosas, y de Introducción al cristianismo en la Facultad de farmacia. Como sacerdote católico compagina su actividad docente con diversas labores pastorales. Entre sus publicaciones destacan El lenguaje de las vestiduras en el cuarto evangelio (2009) y El Evangelio a cuatro voces (2011), además de artículos en revistas especializadas.
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Pablo M. EdoEl presente trabajo analiza la función histórica, literaria y teológica de las vestiduras y los lienzos que aparecen en el cuarto evangelio, así como los gestos que se realizan con ellos y la relacion que guardan entre si. Se estudia aqui hasta que punto es importante que se describa con detalle el estado de Lazaro resucitado, los gestos de Jesus en el lavatorio, la indumentaria del rey de los judios que Pilato presenta al pueblo, la peculiar tunica separada de las ropas que los soldados arrebatan al crucificado, la disposicion singular de los lienzos mortuorios en el sepulcro vacio o el gesto de Pedro, al final del evangelio, que se ciñe el manto para seguir a Jesus resucitado, con el discipulo amado detras. Si Jesus es el Logos hecho carne, el evangelista emplea con frecuencia un multiple plano de comprension en su historia, de tal manera que lo material significa o manifiesta tambien lo espiritual; los acontecimientos historicos revelan los teologicos; la humanidad de Jesus muestra su divinidad; los signos sensibles manifiestan los rasgos trascendentes.
A finales del siglo XIX se encontró en una tumba de Akhmîm, en el Alto Egipto, un fragmento inédito de la pasión de Jesús que circuló durante el siglo II. Los especialistas lo identificaron muy pront