Azúcar, autorizada para todos los públicos, es un canto a la imaginación y a la intervención directa y comprometida en el juego de la vida en la búsqueda de la claridad. Se parte de un hecho sencillo, pero fundamental en el relato: la caida de dos jovenes al tratar de galopar en un caballo; y de un topico: la busqueda del dia interminable. El narrador, que habla desde la inocencia de un niño pero con una prosa sumamente literaria, es azucar (por su dulzura y porque esta pero no forma parte del juego). Hay una fabrica de azucar que da unidad a la historia y a los recuerdos. No hay en la novela intentos de saldar deudas con el pasado sino de intentar reinventarlo desde el presente, tratando de entender aquello que se escapo con la infancia. Los personajes centrales no tienen (no les hace falta) un rostro definido, ya que los recuerdos casi siempre estan formados por detalles significativos (un remolino en el cabello) y no por una percepcion global de lo acontecido; son esos detalles los que hacen mas rica y entrañable una historia que, tanto en el fondo como en la forma, tiene mucho de reaccion circular, de volver desde el presente a cada capitulo del pasado, en fin de un eterno retorno que es una de las obsesiones del autor.