Hace menos de doscientos años que sabemos que todos los seres vivos, sin excepción, estamos formados por unas pequeñas unidades a las que llamamos células. Durante los pocos segundos que le lleva a una persona leer este párrafo, decenas de millones de células están naciendo o muriendo en distintas partes de su cuerpo. Historia de las células nos cuenta lo que vieron (o creyeron ver) los primeros hombres que apuntaron sus microscopios hacia los seres vivos y las explicaciones que elaboraron para darle sentido a lo que veían (o creían ver). Algunas fueron más o menos acertadas; otras nos parecen hoy un disparate total, pero todas ellas, de una manera u otra, fueron útiles. El biólogo Raúl A. Alzogaray nos invita a explorar junto a él cómo aparecieron las primeras células y cómo poblaron todos los rincones de nuestro planeta, transformándolo y dando origen a todas las formas de vida que hoy existen. La historia de las células comenzó hace miles de millones de años y vaya uno a saber cuándo o dónde terminará, porque la vida... siempre termina abriéndose camino.
El más grande hallazgo de la biología contemporánea ha sido, es y será el desciframiento del genoma humano, el conjunto de los genes codificados por el ADN. Nadie puede negar su importancia, real y potencial, tanto en terminos cientificos y medicos como en sus aspectos economicos y politicos. Por otra parte, tambien es muy valido el simple hecho de querer saber. Descubrir que tienen adentro las muñecas o los trencitos, la nieve, las cucarachas y los genes. El ADN, acido desoxirribonucleico, ha sido llamado la molecula de la vida. Claro que por si solo no significa demasiado: necesita de una compleja maquinaria celular para poder brindar su informacion. Pero sin duda es el ADN, y conocer los genes que contiene y sus posibles fallas, uno de los mayores desafios para la ciencia moderna.
¿Por qué tenemos cosquillas? ¿Qué produce el mal aliento? ¿Por qué nos duele la cabeza? ¿Qué consecuencias traerá el calentamiento global? Son algunas de las preguntas que el biólogo Raúl A. Alzogaray plantea y responde en este libro extraordinario. Lo hace, además, con espíritu de divulgación y alejándose de toda posibilidad de vulgarizar los temas tratados."Humor, amenidad y concisión envidiables". Así resume Pablo Capanna, en el prólogo de este libro extraordinario, la notable habilidad que el biólogo Raúl A. Alzogaray exhibe en el presente trabajo en torno a una multiplicidad de temas unidos por una suerte de biología de la vida cotidiana. Temas como la vejez, las cosquillas o el mal aliento se van sucediendo sin que la diferencia impida el disfrute de la lectura. Como también dice Capanna, Alzogaray divulga sin vulgarizar, muestra y demuestra algunas cosas como también lo hacen los grandes maestros: sin ánimo de erudición o de llenar de datos las cabezas, sino para encender la curiosidad y las ganas de leer más y más sobre los temas abordados. Gran buceador de los misterios científicos, el autor nos lleva de la mano por mundos tan diversos como el canibalismo, las epidemias, el calentamiento global y...el dolor de cabeza.
En este libro, Raúl Alzogaray nos ayuda a descubrir los secretos del ADN a través de historias reales de detectives, sacerdotes, emperadores, de hombres y mujeres. Así nos convence de que conocer el ADN, su historia, su ciencia y sus aplicaciones supone también conocernos un poco más a nosotros mismos. Nadie puede negar la importancia, real y potencial, del desciframiento del genoma humano, tanto en términos científicos y médicos como en sus aspectos económicos y políticos.
En éste, su quinto libro de divulgación científica, Alzogaray insiste con su fórmula de divulgar sin vulgarizar, de mostrar y demostrar, apuntando siempre a despertar en el lector la curiosidad y las ganas de leer más y más. Sus historias sorprenden porque, lejos de los microscopios y los telescopios, parten de lugares insólitos, como el Termita Social Club o los terroríficos ríos de sangre, para contarnos, por ejemplo, una de vikingos, o lo que ocurre cuando los durmientes despiertan o, ya sin pudores, una comedia sexual de los mares tropicales. En fin, no hay límites en los ardides que utiliza Alzogaray para impulsarnos en la aventura del pensamiento. Y, como disfruta contando sus historias, y las cuenta de maravillas, el resultado es óptimo para los lectores más aventureros.