Garantizar la seguridad y la libre y pacífica convivencia de los ciudadanos se configura como una obligación prioritaria de los estados y, en general, de todos los poderes públicos, lo que implica la obligacion de luchar contra cualesquiera clase de abusos de los derechos humanos consagrados, cuyos principios son inderogables y su desconocimiento no se justifica bajo ningun tipo de circunstancia o situacion. Hace solo ciento cincuenta años la aplicacion de una justicia universal era, a lo sumo, un sueño, una quimera, tanto en su perspectiva de un tribunal global, personificado en la Corte Penal Internacional, como en la aplicacion de un principio de justicia universal por parte de jurisdicciones nacionales. El ingente esfuerzo colectivo realizado en el siglo XX ha ido convirtiendo ese sueño en realidad, en aras al n de la impunidad de los crimenes internacionales. Por ello, desde la respuesta a la eterna formulacion de que es la Justicia depende, mas que nunca, el futuro de paz que todos los estados que integramos las Naciones Unidas nos comprometimos en 1945 a conformar para el bien de las generaciones venideras. Una Justicia cuyo icono en forma de imagen femenina de ojos vendados representa su ceguera por no tener miramientos con las partes y por ser la misma para todos, pueblos y culturas.