Escritora y lingüista, es profesora de Lingüística en la Universidade de Santiago de Compostela. Ha recibido, entre otros, el premio Ramón Piñeiro de Ensayo y el Premio de la Crítica de narrativa gallega.
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Un día de mediados del siglo XVII, el carruaje de Christina de suecia se detiene frente a una casucha en Ámsterdam. ¿Qué demonios hace allí? Ya se sabe que la real señora nunca ha estado muy cuerda, que lo mismo le han valido mancebos que muchachitas, que de ser esposa y madre ni hablar, y que por eso ha abdicado. No digamos ya su fascinacion por ese filosofo de moda, Rene Descartes, que acaba de morir en su castillo La casucha en cuestion es de Helene Jans, hija de boticario, partera respetada, maestra en hierbas y tambien, amante de Descartes. Christina ha venido a conocerla, pero poco mas sabemos, ya que no hubo quien fisgara por la ventana ese dia.Tres siglos despues, la estudiante de filosofia Ines Andrade, ultima descendiente del matriarcado de las Pereiro, descubre un viejo arcon en el desvan de su casa y, al abrirlo, estalla la maravilla: alli hay bebedizos para enamorar, polvos para secar las lagrimas, canciones de la reina de Suecia o el Libro de remedios de una tal Helene Jans. E Ines, que a fin de cuentas viene de una estirpe de mujeres sabias, tiene claro que ha llegado el momento de desempolvar un poco el mundo y de fisgar por la ventana de aquella casucha de bruja.Una historia de mujeres que dignifica siglos de cuidados, sororidad e ideas retenidas en el puchero.
Cuentan los vecinos del pueblo que Leandro Balseiro plantaba lirios, narcisos, siemprevivas y anémonas de un delicado color violeta; que por los muros de aquella casa trepaban pasifloras moradas y rojas; que la cuna de su hija Clara fue un planton de hortensias; que la niña se alimento solo de chupar los petalos azucarados de los amarilis de Ceilan Dos generaciones mas tarde, un comando de intervencion artistica capitaneado por aquella niña, Clara Balseiro, prepara una audaz operacion de denuncia ecologista: resucitar los jardines colgantes de Babilonia del abuelo Leandro en los terrenos de una cantera abandonada. Junto a ella, su hijo adolescente, un pianista amnesico, una psiquiatra austriaca y una joven con adiccion a los problemas sentimentales, decididos todos a enfrentarse a lo establecido y a sus propios miedos. Escrita a modo de cuaderno de campo Artes subversivas para cultivar jardines nos llega como una flor rara, una irresistible propuesta de rebeldia y respeto al medio ambiente que nos hace Teresa Moure.
Los manuales de historia de la lingüística que se usan en la actualidad no recogen ningún nombre de mujer. Ninguno. Algo que resulta paradójico si tenemos en cuenta que el surgimiento de esta discipl
Un día del siglo XVII del que ninguna crónica habla, el carruaje de Christina de Suecia se detiene frente a una casucha en Ámsterdam. ¿Qué hace allí? Ya se sabe que la real señora muy cuerda no está, que lo mismo le valen mancebos que muchachitas, que de ser esposa y madre ni hablar, y que por eso ha abdicado. No digamos ya su fascinacion por ese filosofo de moda, Rene Descartes, que acaba de morir en su castillo? La casucha en cuestion es de Helene Jans, partera respetada, maestra en hierbas y tambien amante de Descartes. Christina ha venido a conocerla. Tres siglos despues, la estudiante de filosofia Ines Andrade descubre un viejo arcon en el desvan de su casa y, al abrirlo, estalla la maravilla: alli hay cartas filosoficas, polvos para secar lagrimas, jocosas canciones de una reina sueca o el Libro de remedios de una tal Helene Jans. Del fondo del arcon llega un potente aroma de hierba mora y frambuesa y, al asomarse, Ines ve una casucha con las ventanas reventadas, libre al fin de contar siglos de sororidad, de cuidados y de sabiduria femenina retenida en el puchero. Dentro, una reina loca y una bruja siguen a lo suyo, filosofando?
«Cuentan los vecinos del pueblo que Leandro Balseiro plantaba lirios y anémonas de un delicado color violeta; que la cuna de su hija Clara fue un plantón de hortensias; que la niña se alimentó solo d