Teresa Vicente (Murcia, 1957). Licenciada en Historia del Arte e Historia General. Lectora voraz, produce su primera obra original a partir del 2004 alimentándose de la vida que le rodea y de los viajes. Su poesía es esencialmente descriptiva y refleja la naturaleza y las escenas de la vida urbana y cotidiana. En 2010 publica su primer poemario Enraizó en el agua y en abril de 2012 la plaquette titulada Mini-poemario.
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Escribiendo este libro me he sentido como el gato que tira de una hebra de lana, queriendo encontrar el meollo que encierra la madeja, para percibir al final que es la misma hebra que la conforma. Asi se me fueron desvelando claves mias, de mi gente, y de todas aquellas familias que despuntaban entre los años 50 y 60 en una pequeña ciudad mediterranea.De mi infancia ya habia escrito pequeños cuentos que se acumulaban en el ordenador, pero ha sido a raiz de acompañar a mi madre en su vejez que hemos tenido tiempo para contrastar historias, poniendo a mi alcance datos que me aclaraban detalles sobre el origen familiar. Despues todo vino rodado y un recuerdo traia otro, como un milagro.No se, ciertamente, si lo que creo que ocurrio de una manera, realmente lo hizo asi, porque mis ojos veian a traves del filtro de la niñez; quizas pude fantasear, pero todo el mundo sabe que los niños no mienten jamas.
Orión pasa de largo es, ante todo, una obra poetica entre cuyos diversos temas destaca el amor. Así lo afirma Eloy Sánchez Rosillo en su texto preliminar: "El amor impregna el conjunto desde la primera palabra hasta la ultima. Hay poemas que nos hablan del amor en la esfera de lo intimo y privado, de lo cotidiano y tangible. Aunque Teresa Vicente no se detiene ahi. Conforme va avanzando, el libro se abre a un amor mas amplio y universal, a ese hondo sentimiento “que mueve el sol y las demas estrellas”. Hallamos entonces la comprension del dolor de los seres desposeidos y el acercamiento solidario a ellos en conmovidos poemas".
[...] Con Dispárame vida, el sol invernal, frente a los visillos tupidos del salón, no se detenía, y el raudal rubio y denso de sus cabellos, como despojándose de un molesto turbante, se cernió sobre Robert, tú, yo, en las páginas todavía sueltas del libro, encendiendo el cristal florido de las copas, esparciéndose en el suelo de la estancia… [...] Soren Peñalver