Una aguda reflexión sobre el fenómeno social en el que se ha convertido la cultura del skincare.La cara se ha convertido en una superficie de control, en la prueba del tiempo... o de su negación. Este no es un ensayo sobre cremas ni rituales de bienestar, sino sobre lo que ocurre cuando nos miramos al espejo con una nueva arruga y un pensamiento intrusivo que tambien es nuevo. Sobre el gesto intimo y cotidiano de aplicar una crema en el rostro por la mañana mientras nuestras hijas toman nota. Sobre la sospecha de que el nuevo imperativo es tener un cuerpo delgado y una piel perfecta.Este libro nace de un conflicto genuino: el deseo de verse bien y el temor de estar participando en la perpetuacion de un sistema que no elegimos.