Ediciones Rialp, S.A.- 9788432166242
Cantando a la primavera se publicó en Adonáis en 1945. Además de que acercó a los lectores españoles a la deslumbrante e influyente voz poetica del norteamericano Walt Whitman, tuvo el atractivo e interes de que la traducción y el prólogo eran de la española de origen chileno Concha Zardoya, la primera mujer que editó en la colección un poemario suyo (Pájaros del nuevo mundo, 1946) y, despues, con Dominio del llanto (1947), obtuvo un accesit en el primer fallo del Premio Adonáis ya bajo la dirección de Ediciones Rialp. Los tres volúmenes son inencontrables hoy día si no es en librerías de viejo.
Respecto a Cantando a la primavera, sin ser la primera vez que se vertió al español una selección de la obra de este colosal poeta ?la precedieron las traducciones de Vasseur, en 1912, y la de León Felipe, en 1914, en la que, sobre todo, se basa la de Zardoya? sí fue la más difundida en su momento hasta, prácticamente, finales de los años 60.
Desde Adonáis, y por petición de sus lectores, volvemos al facsímil de aquella joyita: una obra de enorme repercusión, pese a su formato minúsculo, destaca tanto por su calidad literaria como por su temática altamente relevante y actual. Según recoge la propia Zardoya a la manera whitmaniana: en esta obra "toc
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Escrito por Walt Whitman
Walt Whitman (1819-1892) es, sin lugar a dudas, el poeta más influyente de las letras estadounidenses. Nació en West Hills, Long Island, siendo el segundo de nueve hijos en una familia cercana al credo cuáquero. A los once años finalizó sus estudios formales y empezó a trabajar como aprendiz en el semanario The Patriot, donde comenzaría a escribir sus primeros textos. Tras su paso por otros periódicos y revistas, en 1850 decidió dedicarse plenamente a la poesía. Cinco años más tarde vería la luz la primera edición de la celebérrima Hojas de hierba, integrada por doce poemas y cuyos 795 ejemplares fueron costeados por el mismo autor. El poemario despertó gran interés y fue ampliamente distribuido, en parte por la fascinación que despertó en el filósofo Ralph Waldo Emerson. Durante la Guerra de Secesión, Whitman ejerció voluntariamente como enfermero en Washington D.C., experiencia que recogería en El gran ejército de la enfermedad (1863) y Memorias de la guerra (1875). Finalizado el conflicto en 1965, publicó Redobles de tambor. Mientras se empleaba en la Oficina del Fiscal General, Whitman siguió alzando la pluma para escribir versos como los de «¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!», que, junto a otros, irían completando las sucesivas ediciones de Hojas de hierba hasta la novena y definitiva, que constó de un total de más de cuatrocientos poemas.
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Tapa dura
Jennifer L. Armentrout