Ocho mujeres miran su día a día desde la grieta que deja la pérdida. Un marido que se quita la vida, una madre que muere, un amor no correspondido, un divorcio, la desaparición de la complicidad en la pareja. Pérdidas distintas, un mismo temblor.
Todas comparten la necesidad de seguir adelante mientras aprenden a habitar el vacío: el lugar donde el otro ya no responde y la voz propia se convierte en único refugio. La rutina se vuelve extraña y se desdibuja.
Ante esa intemperie, los recuerdos aparecen como territorio seguro, pero también como umbral. Porque es en ese espacio inaugurado por la ausencia donde estas mujeres empiezan, sin saberlo, a descubrirse de nuevo.