Un solterón acomodado y enfermizo mantiene una relación sentimental con una mujer un poco más joven, que además le cuida. Desahuciado por los médicos, piensa acabar sus días junto a su pareja, sin estrechar más el compromiso con ella, hasta que poco antes de cumplir los 50 años recibe un nuevo diagnóstico donde se le augura larga vida y rectifica las opiniones médicas anteriores. A partir de ese momento, se plantea buscar una nueva novia más joven con el fin de casarse y romper con su actual relación. Está a punto de hacerlo cuando descubre un informe médico que le da escasos meses de vida. ¿Le están engañando pronosticándole una buena salud para no amargarle lo poco que le queda? Egoísta y asustado, decide proponer matrimonio a la mujer que ha estado a punto de dejar, pero no será la única peripecia y confusión que sufrirá a partir de entonces por culpa de los diagnósticos médicos.
Ficha técnica
Traductor: Susana Carral Martínez
Editorial: Rey Lear, S.L.
ISBN: 9788494159473
Idioma: Castellano
Número de páginas: 72
Tiempo de lectura:
1h 37m
Encuadernación: Tapa blanda
Fecha de lanzamiento: 14/04/2014
Año de edición: 2014
Plaza de edición: Madrid
Colección:
Breviarios de Rey Lear
Breviarios de Rey Lear
Número: 53
Alto: 18.5 cm
Ancho: 12.7 cm
Grueso: 0.9 cm
Peso: 116.0 gr
Especificaciones del producto
Escrito por Edith Wharton
Edith Wharton (1862-1937) fue una de las autoras más representativas de la narrativa estadounidense del cambio de siglo y, en particular, una de las primeras escritoras en alcanzar verdadero reconocimiento y éxito literario. De hecho, se convirtió en la primera mujer en ganar el Premio Pulitzer. Fue la gran cronista de un mundo en desaparición: el de las antiguas jerarquías neoyorquinas, que empezaban a tambalearse ante la irrupción de los nuevos ricos procedentes de la banca y la industria. Su obra cuestionó el papel al que se relegaba a la mujer en la sociedad de su tiempo y contribuyó a elevar el espacio doméstico a la categoría de territorio intelectual. Rodeada de sus perros Pomerania, que solían acurrucarse a su lado, escribía a menudo desde la cama. Decía que así podía prescindir del corsé, una libertad física que, según ella, también liberaba sus pensamientos.