Editorial Anagrama S.A.U.- 9788433960610
Una obra maestra de humor y elegancia. Perec como maestro de la ilusión.
En Pittsburgh, Ohio, se expone en 1913, por primera y única vez, la legendaria colección de pintura de Hermann Raffke. La obra central es un lienzo de Heinrich Kürz, precisamente el titulado «El gabinete de un aficionado», que muestra al coleccionista sentado entre sus cuadros.
El detalle sobresaliente del lienzo reside en que este también aparece reproducido en el cuadro como parte de la colección, de modo que el vertiginoso juego del cuadro dentro del cuadro, a su vez dentro del cuadro, se va repitiendo hasta que «El gabinete de un aficionado» ya solo es un puntito. Pero aún resultan más maravillosas las transformaciones que se producen en los cuadros dentro del cuadro. Así, de una reducción a otra, en un Longhi la piazza inicialmente vacía aparece de repente poblada de máscaras; de un paisaje marroquí desaparecen paulatinamente asnos, mujeres embozadas, luego un dromedario; un boxeador recibe, en un cuadro, un uppercut y en el último yace derribado en la lona.
Y ocurre algo terrible: el tan admirado lienzo es objeto de un atentado; poco después muere Raffke, que es enterrado en la pose que adopta en el lienzo (sentado) junto con el cuadro...
Ensalzado como uno de los más extraordinarios autores contemporáneos desde la publicación de La vida instrucciones de uso, Perec nos ofrece una obra maestra de humor y elegancia. Sorprendido y hechizado, el lector se pierde aquí como en una sala de espejos que refleja infinitas facetas, porque al igual que Heinrich Kürz, el pintor, también Perec, el escritor, no solo es un copista de primera fila, sino un prestidigitador y un maestro de la ilusión.
Especificaciones del producto
Georges Perec nació en París en 1937. Sus padres murieron durante la Segunda Guerra Mundial. En 1960, Perec se casó con Paulette Petras, con quien se trasladaría a Sfax, en Túnez. Esa experiencia sirvió de inspiración para su primera novela, «Las cosas» (1965), Prix Renaudot. Pronto vendrían obras del calado de «Un hombre que duerme» (1967, Impedimenta, 2009), «La desaparición» (1969), o su libro de sueños «La cámara oscura» (1973).
Curioso irredento, aficionado a los puzzles y las enumeraciones —algunos de cuyos ejemplos más sublimes se recogen en «Lo infraordinario» (Impedimenta, 2008)—, su consagración definitiva vendría con «La vida, instrucciones de uso» (1978), que le valió el prestigioso Premio Medicis. En 1981 viajó a Australia, lugar donde se entregó a la escritura de su última obra, inacabada, 53 días. Poco después de su regreso de Australia se le diagnosticó un cáncer de pulmón, del que murió un año después en la ciudad de Ivry.
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Tapa blanda
Hyuganatsu y Nekokurage
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