Jacinta Martínez de Sicilia y Santa Cruz (Logroño, 1811-1878) ha pasado a la historia por ser la esposa durante más de cincuenta años del general Baldomero Espartero, militar, presidente del Gobierno, regente y, quizá, el personaje más determinante del siglo XIX español. Sin embargo, las investigaciones de la última década han destapado la verdadera importancia y magnitud de la duquesa de la Victoria y princesa de Vergara, no solo en la vida privada del Espadón de Luchana sino, también, en su carrera política y militar. A raíz de la biografía del catedrático canadiense Adrian Shubert, Espartero, el Pacificador, los miles de documentos y cartas desempolvadas del archivo del actual duque de la Victoria han constatado que Baldomero fue emocionalmente dependiente de Jacinta desde que ambos se casaron en 1827. Mi querida chiquita, como cariñosamente la llamaba el general manchego, no solo jugó el papel predestinado a la mujer en aquellas épocas, sino que se convirtió en su más fiel asesora y consejera, en su financiadora, en su representante diplomática, en la espía que conspiraba en su favor; incluso en su socia, como reconocía Espartero en las cartas que a diario le enviaba: No debes sentir no ser hombre, pues mis glorias son todas tuyas más que mías y yo por lo menos pensaría de este modo si me hallase en tu caso. Pese a haber conquistado el corazón de la reina Victoria de Inglaterra, del primer ministro británico Lord Palmerston, del escritor Washington Irving o de la intelect