Karina Krunz no es una santa ni aspira a serlo, aunque en la historia de su vida podemos encontrar ciertos paralelismos con la pasión de Jesucristo, entendida como los sufrimientos padecidos entre la última cena y su crucifixión y muerte. La Pasión según Karina Krunz es una reflexión sobre la complejidad de las relaciones entre padres e hijos y sobre las ruinas afectivas que llevan a la necesidad de zanjar las dependencias emocionales a fin de poder sobrevivir.Para narrarla, Rosario Curiel se ha ayudado de la música, al igual que hiciera casi tres siglos antes el compositor Johann Sebastian Bach en La Pasión según San Mateo, para componer esta obra maestra, de factura manifiestamente barroca y exquisita delicadeza formal y estética.Curiel utiliza con maestría los corsi e ricorsi, expresión italiana tomada de la teoría del acontecer histórico del filósofo de la historia Giambattista Vico, para el que la historia no avanza de forma lineal empujada por el progreso, sino en forma de ciclos que se repiten, es decir, que implican siempre avances y retrocesos. Esta filosofía es la que impregna toda la armazón de la novela, así como sus frases y diálogos, en los que apreciaremos el extraordinario dominio léxico de la autora, no solo del castellano sino del resto de lenguas romances,