Sinopsis de RAFAEL ALTAMIRA, PEDAGOGO. LOS PILARES DE LA EDUCACIÓN PÚBLICA ES PAÑOLA
El pedagogo, historiador, catedrático universitario y jurista alicantino Rafael Altamira y Crevea (Alicante,1866-Ciudad de México, 1951), formado en las ideas de la Institución Libre de Enseñanza, dio un gran impulso a la educación popular y a la enseñanza pública española en las primeras décadas del siglo XX, primero con la creación de la Extensión Universitaria de la Universidad de Oviedo para la formación del obrero y después con su titánica labor en beneficio de la abandonada escuela primaria española como Director General de Primera Enseñanza, entre 1911 y 1913. En este libro, se detalla su firme defensa de la escuela pública, de la dignificación del trabajo del maestro, de la modernización pedagógica de la en-señanza, de la instrucción de la mujer, empeño que sirvió de referencia para los políticos y técnicos que le sucedieron en el cargo, entre ellos su paisano Rodolfo Llopis Ferrándiz (1895-1983), principal responsable de la alabada política educativa del primer gobierno de la Segunda República española.
Ficha técnica
Editorial: Instituto Alicantino de Cultura Juan Gil-albert
ISBN: 9788411460576
Idioma: Castellano
Número de páginas: 264
Tiempo de lectura:
6h 15m
Encuadernación: Tapa blanda con solapas
Fecha de lanzamiento: 11/05/2026
Año de edición: 2026
Plaza de edición: Alicante
Alto: 21.0 cm
Ancho: 15.0 cm
Peso: 300.0 gr
Especificaciones del producto
Escrito por Ignacio Ramos Altamira
Ignacio Ramos Altamira (Madrid, 1968) es licenciado en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid (1992) y trabajó durante una década en prensa y radio. Más tarde, se dedicó a la enseñanza en institutos de educación secundaria y desde hace quince años desarrolla una labor de investigación histórica sobre el arte, la cultura y el deporte madrileño y español. Amante de la tierra y la cultura alicantina y colaborador de publicaciones como Información o Canelobre, en su libro homenajea la desconocida historia del Jardín-Escuela que llevó el nombre de su ilustre bisabuelo, Rafael Altamira.