La vida nos va llevando, sin saber, por senderos inesperados. En la última etapa de su vida, la protagonista de este libro decide retornar a Gran Canaria, la isla en que nació. Los días que va pasando en un lugar muy emblemático, el Convento de las Dominicas de Teror, son testigos de la reconciliación con su biografía. Clara necesitó hacer su camino, el maestro del error la fue conduciendo, las amistades la fueron sosteniendo, la escucha de la intuición la fue guiando, la enfermedad la devolvió hacia sí misma, la temerosa muerte se hizo su amiga. Todo la fue llevando a una senda de libertad y de paz que, al margen del pais donde hayamos nacido, es el horizonte o la brújula de cualquier ser humano.
Clara se siente peregrina y alumna de la vida. El entorno de un convento, ya centenario, dio pie a tantas vivencias que de alguna manera definieron y marcaron parte de su andadura. Poco a poco, ha ido integrando su pasado, aceptando su presente, para acoger con serenidad su futuro.
Descubre que el camino de la aceptacion de lo que le acontece se nutre de silenciar sus expectativas, esto le da la oportunidad de transitar su adultez sin perder el entusiasmo de la niñez.
La vida de Clara se va transformando despacito, de la misma manera que una oruga se va convirtiendo en mariposa, todo necesita su tiempo. Ojalá que la lectura de este libro te deje con las ganas da poder habitar tu crisálida, de cuidar tus alas y de repararias, en caso necesario, sin temor de alzar el vuelo. De esta forma, que podamos alli donde estamos, en el cotidiano de cada día, continuar volando hacia donde no sabemos.