Volver al "Valle de los Caídos" hoy en día es asistir a un meticuloso despoblamiento de la memoria. Su presencia, vacía de los signos que antaño la poblaron, sirve como punto de partida para llevar a cabo una interrogacion de los procesos simbolicos que caracterizaron la transicion española, sus estrategias de olvido y sus nuevas retoricas de identidad.A traves de un itinerario interdisciplinar en el que conviven analisis de textos filosoficos, filmicos, literarios y politicos, se trata una hipotesis de lectura del periodo en la que las lineas de demarcacion entre lo estetico y lo politico se difuminan. Ambas esferas dialogan y se nutren mutuamente en el analisis de la construccion de un nuevo repertorio simbolico erigido sobre una doble "perdida": No solo la del franquismo sino tambien la del proyecto moderno que aspiraba a reemplazarlo. El nuevo esquema de identidad nacional se funda en ese doble proceso melancolico. El imaginario politico cultivado durante años por la oposicion al regimen se revela repentinamente anacronico, enfrentado aun paradigma inesperado, una posmodernidad demasiado nueva, apenas entrevista.
El 23 de marzo de 1766, ante la plebe amotinada que rodea su palacio al grito de "¡Viva el Rey, Muera Esquilache!", Carlos III se enfrenta a un gesto de lealtad convertido paradójicamente en amenaza. Lo que contempla ante si son los limites de un proyecto politico y disciplinario que, creando nuevos modelos de subjetividad, aspira a constituir un "pueblo" moderno que corresponda a un nuevo modelo de nacion. El intento de dar forma a una imprevisible y caotica "multitud" se enfrenta a su propia resistencia a constituirse en complice del Estado. Este libro aborda la negociacion y el enfrentamiento entre concepciones diversas de sujeto y pueblo, procesos que no fueron recogidos tan solo en el espacio explicitamente politico, sino tambien artistico. La pintura de Tiepolo, Goya o Mengs; el teatro de Moratin, Garcia de la Huerta o Ramon de la Cruz; la obra de incipientes "creadores de opinion" como Feijoo o Torres Villarroel, fueron espacios multiples en los que no solo se retrato un contexto en crisis, sino tambien ambitos donde se formaron modelos de subjetividad en lectores y espectadores cuyos placeres artisticos no fueron ajenos a su caracter de ciudadanos, subditos o rebeldes.