Estuvo a punto de morir en sus primeras horas de vida y, desde ese instante, no paró de profundizar en el mundo metafísico. A sus cuarenta y dos años, por fin encontró la respuesta que tanto había buscado.
Padre de 2 + 1, amante de la lectura, del buen café y de la música de los ochenta, David Sobrino sigue jugando a ser niño para regatear el partido de la vida.
Su lema vital: «No trates de ser el mejor ni el primero, tan solo trata de ser único».
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