Si algo persiste en cada nuevo libro de Eli Tolarexipi es esa inconfundible relación con el lenguaje como misterio poetico y como acontecimiento múltiple: del sentido, de la materia acústica, de la voz que los auna, del mundo al que ese lenguaje se dirige. Es decir, cosmos, pero, tambien, materia que se degrada, se superpone, se fragmenta, se llena de intersticios; un espacio con recamaras y pasadizos que son trenes y destinos; recovecos, techos falsos que conducen al paradiso; un libro abierto en cierta pagina, versos recordados; un piso firme que se convierte en fango, o hendiduras de luz en el cielo transmutadas en llagas. Y es precisamente hacia ese mundo —asistido por pequeñas catastrofes que no cesan de transformarlo, como a nosotros mismos— que Tolaretxipi nos abre, con sus versos, pasajes poblados de visiones a la vez sesgadas e intensas. Asi, Clapotis suena, mas que a chapoteo, a una combinacion de silabas salida de un sueño; ensalmo o conjuro de agua para invocar esa energia de doble tiempo, regular y elusiva, posible y dificil. Energia que corre "ni aqui ni alli", y reverbera a traves de los poemas, haciendo y deshaciendo lo visible, deslizandonos hacia la pesadilla o el consuelo, dejandonos, al fin, en un solo instante, perdidos y salvados en el me
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