Esta colección de ficciones breves, escritas en primera persona, plasma las vicisitudes de un sujeto múltiple con distintos puntos de vista que revoca la ilusión de una identidad compacta. El yo que aparece en Ley matinal es un personaje que contribuye a que el libro se configure como una serie de relatos narrados por una voz que forma parte de los acontecimientos, pero que se situa al margen de un saber omnisciente y totalizador. En estas fabulaciones, que giran alrededor de la condicion evanescente de la vida, encontraremos un modo de celebrar lo que es posible, que no se regodea en el desastre, aunque tampoco lo ignora, si bien invita a aproximarse a la literatura como un modo de indagacion afirmativa de lo que a veces permanece oculto. Se trata, pues, de pequeños cuentos que, a traves de una incuestionable pasion por el lenguaje, redescriben el mundo emancipandolo de los limites estrictos de la realidad.
Esta colección de ficciones breves nace de un ejercicio de escritura que aspira a la liviandad. Se trata de pequeñas narraciones cuya estructura se desliza hacia el límite mismo de la poesía. Hay en ellas una cautela contra el exceso, sin eludir la profundidad que pueda verter un detalle de la memoria de los personajes o una tonalidad animica sugerida sin ningun enfasis definitivo. La luz y la sombra coexisten en estos pequeños relatos en los que apenas ocurre nada y todo sucede, porque entre el inicio y su termino acontece ese instante que condensa un punto unico de la existencia. En las narraciones, delineando un modo sereno de pensamiento, surgiran la alegria y la nostalgia, la suave melancolia y la sorpresa, pero, sobre todo, se apreciara en su centro la busqueda de un fulgor, que no es otro que el de hallar la posibilidad del lenguaje para un momento fraguado a partir de un signo que compromete a la imaginacion.