A veces, observando a la gente ambulante por los lentos pasillos del Museo del Prado no puedo contenerme, y me pongo a su lado para saber qué opina -con un gesto pedante- de un conde, un santo, un dios, o de un perro elegante. Os aseguro que lo mejor que he escuchado son esos comentarios del niño malhablado al mirar a una venus desnuda por delante. Cuando esa gente huye y en la misma salida afirma ciegamente haberlo visto todo, no haber dejado atrás ni una sala olvidada me entristezco, pensando que hay quien deja la vida jactándose saciada de eso mismo, de modo que mirándolo todo no han contemplado nada.
En esta antología figuran muestras de los poemarios que Jaime García-Máiquez ha publicado hasta la fecha. Todo un viaje iniciático por etapas hacia sus «adentros» (en palabras de Santa Teresa), hacia