Gracián es un testigo excepcional del humanismo cristiano. Este trabajo intenta despejar la forma íntima de su pensamiento, que gira en torno al binomio fe y razón, y de su actitud religiosa, que, germinando de la Sagrada Escritura y de los escritos ignacianos, se mantiene como guía de toda la obra. En sintonía con la mística de la Compañía, Gracián, contemplativo en la acción, piensa el enigma del hombre desde la inmensa luz de Dios.
La vida es para cada uno el juego más importante. La verdadera cuestión metafísica es la del sentido de la vida. Los horizontes ontológicos de la nada, el devenir, las apariencias y el pensar nos abren el más amplio campo de juego. Juegos mentales son los movimientos del pensamiento para sumergirnos en la realidad a la caza de la verdad siempre escondida bajo las apariencias.