Este Diccionario del Archivero Bibliotecario comprende unas quince mil entradas entre principales y secundarias, relativas todas ellas a la terminología propia del quehacer de ambos profesionales que, desde antiguo, estuvieron siempre tan íntimamente unidos e incluso confundidos que dieron título oficial con este nombre propio y resultaría imposible, por utópico, intentar la clasificación de su tarea para asignarle a cada una de ellas los términos que le fueron exclusivamente propios.Además de dar la conveniente definición de cada una de las entradas principales, reconociendo la correspondiente autoría de la misma, cuando así lo exige la más elemtal cortesía y respeto con el trabajo ajeno, este diccionario recurre también a encabezamientos secuandarios para remitir desde una idea a una palabra, de modo que el profesional no solo pueda saber qué significa una plabra, sino encontrar igualmente la que necesite para expresar con la mayor precisión la idea que desee: p.ej. lista de soldados.alarde=alcamiz
Como bien puede apreciarse en la bibliografía final de esta obra, no es la primera vez que se escribe la historia de la lectura pública en España, pero la que ha escrito Luis García Ejarque se diferencia de las demás en su amplitud y profundidad, ya que recoge la experiencia y los conocimientos acumulados por su autor sirviendo a esta parcela de la cultura desde el más destacado puesto profesional dedicado a la lectura pública durante los años que van de 1958 a 1991; en que ha procurado documentarla de forma que podemos considerar exhaustiva; y en que no ha dejado de considerar con ecuanimidad todos los esfuerzos realizados por cuantos, con más o menos autoridad y acierto, se preocuparon por la lectura pública. No se le han escapado, pues, movimientos tales como el napoleónico, el de las cajas de ahorros, el de la Residencia de Estudiantes y el asturiano, y ha ahondado en la destacada obra de María Moliner, y en la mal juzgada ejecutoria del Servicio Nacional de Lectura, contando para ello con documentación inédita, hasta llegar a la liquidación de este organismo y las primeras andaduras de los servicios bibliotecarios de las Comunidades Autónomas.