Los padres y las madres de hoy confiesan que tienen sentimientos ambivalentes y de culpabilidad respecto a sus hijos. Este libro es una buena herramienta para todos aquellos padres que se sientan desbordados por las responsabilidades que conlleva tener un hijo, criarlo y educarlo, y devorados, como reza el título, por el pequeño de la familia. Su mensaje es muy claro: la buena relación padres-hijos contribuye al bienestar de unos y otros.
"Mi hijo me devora", suspiran las madres, "consigue vampirizarnos completamente", observan los padres refiriendose a ese niño que siempre esta protestan, que se pega como una lapa, que nunca quiere estar solo, que monta en colera, que se comporta como un pequeño tirano...La dificultad de imponer limites a un hijo hay que buscarla en la historia de cada uno de los padres. Las madres lo hacen lo mejor que pueden pero se culpan de no hacerlo suficientemente bien. Y acaban hartandose. Ademas, muy a menudo los padres no se involucran demasiado.La autora, psicologa clinica y psicoanalista, invita a las madres a identificar aquellos momentos en los que podrian actuar de otra manera: conformarse en que no son perfectas, permitirse tener sentimientos negativos, delegar mas en el padre, ser egoistas y pensar mas en ellas mismas...Asi, saliendo de esta espiral negativa toda la familia saldra ganando.