El temperamento del genio, ese don-maldición que indivualiza tanto como enajena, constituyó sin duda el rasgo esencial de la personalidad humana y artística de Oteiza, quien conjugó en su vida y obra una energia sin limites, rasgo nuclear de ese temperamento, con una exigencia radical de rigor etico-estetico tanto hacia si mismo como hacia su entorno. La via elegida por el artista para poner en practica su ideario fue la de la experimentacion permanente, principio rector tanto de su peripecia vital como de sus propositos creativos. La biografa se acerca a tan singular personaje con dos herramientas esenciales y coherentes con la personalidad del biografiado: rigor y contextualidad. En estas paginas, el ser humano habitado por el genio es tratado, tambien, con la empatia que, como todo gran seductor, provocaba en sus interlocutores.