LUNA CRECIENTE (...) Es mi sombra, lo veo en otros ojos, al cruzar un extraño oigo su voz y lo respiro por los plataneros del río cuando la luz de septiembre es milagro entre las nubes oscuras que se concentran en huelga de sed. Se dice en Santa Rosa, centinela de mis sueños, cuando al fin me evado de quimeras, de grandes soledades. Esta noche un rasguño, claro imán, ilumina el paseo polvoriento. Seguro que en su torre lo divisa, de otra dimensión, de otro matiz. Mar próximo que distancia. Qué dolor tanto vacío humano por la arena. Existen otros mares. Quizás duelan mejor.
SI LLEGO A SABER... SI llego a saber, niño, que vendrías, hubiera amanecido como el mar en paz con la mañana, habría desalado los cabellos de olas y de algas, y mi expresión sería jubilosa con cierta timidez enmascarada. Cómo disimular estas ojeras, que denuncian la noche insomne de despedida, la mirada de pájaro enjaulado al caer la persiana en los jazmines. Te vas. Huyes del ruido, del calor... De un atroz maremoto, Prometeo. Y me duele este rostro sin encanto para el recuerdo.