Algunos autores actuales como Ricardo Piglia o Enrique Vila Matas creen en la metaliteratura; yo también. Creo en la creación de libros a partir de otros libros, creo en el diálogo con otros autores y con otros personajes; creo en el respeto a los clasicos y en la inmortalidad de los mismos. Cualquier aspecto de la realidad, de la litaratura, de la cultura o del arte (y todos estos devienen en elementos trascendentes: ¿acaso Don Quijote, sino mas real, es, desde luego, infinitamente mas trascendente que cualquiera de nosotros?) Tenemos un libro El hijo de las costureras de Juan Manuel Alvarez Romero. Ya hay pues, con quien dialogar y algo que podemos ficcionalizar. Hablemos con las obras que suele ser mejor que hacerlo con los autores (y sigo la maxima de D. H. Lawrence "cree al cuento, no al cuentista"). Enfrentado a la lectura de El hijo de las costureras, he visto una dualidad. Para mi hay alli una evocacion y al mismo tiempo una narracion social. A veces las veo unidas como el Bien y el Mal en los hombres, inseparables segun San Agustin; en otras ocasiones me digo en estas paginas hay mucho mas de realismo social, en estas otras mucho mas de evocacion. Es un dualismo maniqueo. En el apartado mas realista, el mundo en el que se sostiene la narracion es sordido, es duro, mezquino con chispazos de buenos sentimientos. Los hombres y mujeres que en el pululan son seres muy cotidianos y que se muestran como tales, viven con sus anhelos, temores, miserias y ruindades. Sabemos que no falta de todo ello en el genero humano, y como tal, lo muestran. Pero el momento en el que la narracion alcanza sus mayores brios es cuando aparece lo extraño. Aqui es el pobre deforme que vive encerrado y cuidado por una generacion de mujeres. Aislado en gran medida, esta condenado a observar el mundo, mas que a actuar en el. Encerrado en su laberinto no trata de engañar al lector como el minotauro de Borges, que le insinua que es un Dios, sino que abiertamente asume su condicion de paria. Es en este mundo donde la evocacion hace mas acto de presencia, donde los olores, sonidos y recuerdos se adueñan muchas veces de la narracion y del lector. Aparece esa cualidad que se ha dicho de Scott Fitzgerald: el encanto. Pero para mi, mas fuerte aun que el, es la imagen de una persona deforme enclaustrada, persona cuya libertad viene dada por la cultura: el aprendizaje de la historia, la musica, la literatura, las estrellas. Reflexionemos acerca de que sus enclaustradores son, en gran medida, aquellas mismas personas normales que, cuando Samsa se convirtio en escarabajo en la Metamorfosis de Kafka, decidieron que tenia que morir. En El hijo de las costureras estas personas se deciden por el abandono o la sobreproteccion.
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