Tras la segunda guerra mundial Inglaterra entró en estado de shock. La lenta reconstrucción de las ciudades y la economía, la descomposición de imperio y la afluencia migratoria alteraron para siempre la fisonomia de la isla. La poesia no fue ajena a las presiones psicologicas, economicas, culturales y sociales de su tiempo. Como una antena muy sofisticada (y algo enigmatica) recogio el malestar, el pesimismo, la soledad y la fealdad de la epoca: la Inglaterra verde y campestre de Worsdworth o Tennyson se vuelve gris y urbana en los poemas de esta generacion. Claro que partiendo de un sustrato comun cada uno de estos poetas ofrece visiones muy distintas y sofisticadas de su tiempo. Asi los dos poetas principales de esta generacion alcanzan posiciones casi confrontadas: Philip Larkin segrega su pesimismo cultivando un conservadurismo de ideas perfectamente adaptado a los tiempos (oficinas, coches, entretenimiento barato), con un lenguaje preciso, casi expurgado de lirismo; mientras que Ted Hughes despliega una vision salvaje de la caza, los animales y la naturaleza, asediada por las ciudades y la rutina de las oficinas, con un lenguaje expresionista y telurico. Abran y lean este catalogo de visiones (poeticas), unas veces fantasticas, otras veces mordaces, sobre la misma sociedad fria, gris, mecanizada, solitaria, y apatica en la que en buena medida seguimos viviendo.
¿Son estos los cincuenta mejores poemas de la lengua española? Es muy discutible. Pero Andrés Amorós los ha elegido porque son excelentes: nos deslumbran por su belleza y nos conmueven por su emoción. Desde nuestra niñez, algunos de los poemas seleccionados por Andres Amoros en Se canta lo que se pierde los hemos considerado como un tesoro que guardabamos dentro de nosotros y que siempre nos ha acompañado: nos han enseñado a vivir y, en los momentos dificiles, nos han dado consuelo. Quiza ahora, con el paso del tiempo, y en estos nuevos años negros para la cultura y las humanidades, brillen con especial fuerza.