Cartas a un discípulo

Cartas a Julius Frauenstädt

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Reseñas sobre Cartas a un discípulo

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David Augusto

| hace 1 mes

«¿Me toma usted por un viejo loco que no sabe lo que ve?», pregunta en una de sus cartas a Julius Frauenstädt, su discípulo. Escritas durante los últimos doce años de su vida, cuando su pensamiento comienza por fin a ser escuchado, estas páginas muestran a un Schopenhauer que ya no solo defiende su filosofía, sino también deja aparecer al hombre: mordaz, pesimista, apasionado y crítico con su época, pero también profundamente entregado al arte y al pensamiento. Aquí el pesimismo no es solo una teoría: es también una forma de mirar, de vivir y de pensar. Schopenhauer intenta dar luz sobre preguntas que atraviesan toda su filosofía: ¿Cuál fue su gran descubrimiento? ¿Qué relación existe entre la libertad y el acto de querer? ¿Qué se propone realmente explicar la filosofía? ¿Puede una filosofía ser inmanente y, a la vez, rozar lo trascendente? ¿Dónde termina la filosofía y comienza el misticismo? ¿Cuál es el núcleo común de todos los seres? Durante su lectura podrá descubrir su sintonía con sensibilidades mucho más cercanas a nosotros. Su devoción por Goethe puede llevarnos a recordar un poema de Gabriela Mistral; su énfasis en la relectura a Nabokov; o incluso convicción flaubertiana de que, para escribir, hay que saber de todo. Quizá al terminar de leer las cartas el lector coincida con Flaubert en que: «El secreto de las obras maestras reside en la concordancia del tema con el temperamento del autor». Estas cartas permiten, en definitiva, asistir a algo excepcional: ver cómo un filósofo explica su propio pensamiento mientras revela, al mismo tiempo, al hombre que necesitó construirlo.


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