Esta obra de Vivek Chibber propone una revitalización del materialismo histórico frente al predominio del giro cultural en la teoría social contemporánea. Chibber argumenta que, aunque la cultura influye en la percepción de los individuos, es la estructura económica la que determina fundamentalmente los intereses y las estrategias de supervivencia de las personas, y sostiene que la estabilidad del sistema no nace del consentimiento ideológico, sino de la resignación material de los trabajadores. Chibber explica que la estructura de clases induce a la resistencia individual en lugar de la colectiva, lo que convierte a la formación de movimientos solidarios en un proceso contingente y complejo. Se trata, en definitiva, de una defensa del análisis de clase como la herramienta principal para comprender la desigualdad y las posibilidades reales de transformación social.